No trates de inventar sino de encontrar”.
Cuando escribas siempre empieza por un nombre.
¡Dime un nombre y te contaré una historia!

JRR Tolkien

martes, 6 de mayo de 2008

La Mitología y el Simbolismo Lunar en el Druidismo

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Arianrhod simboliza los aspectos místicos y religiosos del druid
ismo, y la mitología relacionada con sus hijos tiene mucha importancia para descifrar los orígenes de los celtas. el gemelo de Llew, Dylan, se convirtió en una deidad marina, muy popular y adorada, pero el padre de estos gemelos fue un misterio, porque Arianrhod había proclamado ser virgen inmediatamente antes de su nacimiento. Ella rechazó las dudas del poderoso mago y dios del inframundo, Math, quien se las había ingeniado para engañarla, haciéndola pasar por un caduceo que tenia la virtud de generar el nacimiento de súbito de gemelos.

La naturaleza secreta, y oculta, de Arianrhod ha sido muy bien estudiada por James Vogh en su libro "Arachne Rising", en donde identifica a Arianrhod como la "Dama de la Rueda de Plata", con la constelación del Auriga que significa "cochero".

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La asocia con las diosas arácnidas cretense Arachne y Ariadna. Ambas estaban unidas durante el periodo Minoico-Cretense con el culto al árbol, y con laberintos secretos y dioses colgantes. También, James Vogh, hace la interesante anotación de que Arianrhod era una diosa celta que estaba presente en ambos extremos de la vida humana, y que la búsqueda de su castillo significaba la búsqueda de la inmortalidad humana. Los reyes celtas llevaban un broche en forma de rueda como símbolo de la inmortalidad del alma.

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Esta búsqueda se asocia también con los viajes de los celtas al otro mundo, en lugares donde se decía que habitaban sus dioses. El otro mundo consistía en una serie de islas fabulosas que siempre se encontraban al oeste de cualquier punto que señalara la brújula.
Esta certeza existente en los moradores de las islas británicas y de los países de la Europa Meridional se vincula con el Océano Atlántico, y es quizá otro recuerdo fragmentario del Nexo entre los celtas y el legendario continente perdido de la Atl
ántida.

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á en una próxima entrega....

Nota Importante: Este trabajo forma parte del Libro "El Zodiaco Lunar Céltico", de Helena Patterson.
Helena Patterson es inglesa y astróloga de profesión y miembro de la British Astrological Association desde el año 1.978.
Es una estudiosa de la cultura celta y consumada especialista en el aspecto mágico y mítico del reino vegetal. Es también, autora del libro "The Handbook of Celtic Astrology".

jueves, 1 de mayo de 2008

La Religión de los Antiguos Celtas

La religión de los antiguos celtas tenía una filosofía y una tradición elevadas que que raras veces se estudian. Los celtas creían en un creador que no podía ser visto por los hombres, y cuya emanación se hallaba mucho mas allá de toda comprensión humana, incluso para los propios iniciados. Por tal motivo lo llamaban Celi, que significa "el oculto", y su consorte era la diosa lunar Ceridwen o "ayuda". No adoraban al sol, pero lo identificaban con el único hijo engendrado en Ceridwen, nacido de la unión mística entre Ceridwen y Celi.

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La divinidad solar era parte importante de la antigua trinidad dru
ídica que ha precedido al cristianismo. Simboliza a los tres rayos o emanaciones de su gran creador, Celi, y no del propio sol. Estos tres rayos "fertilizantes" eran simbolizados por tres manzanas doradas, e identificados con el mundo trino o logos del creador, que contenía el secreto del universo en su propio aliento.

Celi y Ceridwen eran visto como espíritus incomprensibles; Ceridwen originaba la materia tosca que comenzaba en un estado embrionario llegado del otro lado del océano, el origen de toda la vida. Esta esencia dela vida, tenia una naturaleza femenina y pasiva, que llegaba todas las primaveras a través del mar en una embarcación sagrada, con forma de luna creciente, impulsada por Ceridwen. El sol "renacía", como un bebe, de Ceridwen el 21 de diciembre (solsticio de invierno), y una vez mas comenzaba su ascensión por los cielos.

Los celtas y sus sacerdotes druidas, creían que miríadas de vidas, completamente separadas de su existencia física, también emanaban al mismo tiempo, y eran conducidas por el sol en la su dimensión de Annwun, un plano astral situado en el inframundo céltico, en el mundo exterior. Esta "vida" o fuerza anímica, que había sido depositada, originalmente por Ceridwen, había evolucionado a través de la creación animal hasta tomar forma humana, pero se encontraba sin la inspiración espiritual de Awen, la facultad razonadora impartida directamente por Dios.


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Existían tres círculos de evolución espiritual: el circulo de Abred; el circulo de Gwinvyd y el circulo de Ceugant. Desde Annwun la vida se arrastraba hasta Abred, el círculo de prueba, el plano terrenal, en el cual la fuerza anímica adquiría forma física. Esto incluía a la humanidad y a todo lo que se encontraba bajo ella. Era un lugar en el que tanto el bien como el mal disponían de la misma capacidad e influencia. El hombre se hallaba libre de toda obligación, y todo acto era producto del consentimiento y la elección. A medida que el hombre evolucionaba, también lo hacía su Awen, adquiriendo una mejor visión de Dios. En este sistema druidico de la evolución se concedía gran énfasis y se consideraba un factor importante la "libre voluntad", al contrario de la religión brahmánica, de la que se ha dicho que en ese aspecto se parecía mucho al druidí
smo.

Estas "enseñanzas" proceden de los discutidos volúmenes conocidos colectivamente como Barddas, documentos que habían sido recopilados de manuscritos mas antiguos por el bardo gales Iolo Morganwg. Pero una lectura cuidadosa de las Barddas revela algunos conceptos célticos muy distintos, de los cuales es un buen ejemplo el "enigma de los bardos". Esto tiene dos partes, según el esquema de los acertijos de pregunta y respuesta, un tipo de ejercicio el pensamiento muy popular entre los celtas, el cual empieza así:

No hay nada verdaderamente escondido
más que lo que resulta inconcebible;
no hay nada que no se conciba,
más que lo inconmensurable;
no hay nada inconmensurable excepto Dios.

No hay Dios sino aquello que no es concebible.
No hay nada que no se conciba,
más que lo que esta realmente oculto.
No hay nada verdaderamente oculto excepto
Dios.

La solución empieza de esta manera:

Lo que no es concebible es lo más grande de todo,
y lo inconmensurable de lo que no esta en un lugar:
Dios es lo más grande de todo, y lo inconmensurable de la inteligencia.
Y no puede haber existencia para nada, sino a través de la inteligencia;
y la no existencia de todo procede de lo que no esta en un lugar.

Estos postulados subrayan la profunda filosofía de los druidas, y parecen compartir un terreno común con la Qabalah, un antiguo sistema hebreo de evolución mística; también con las enseñanzas brahmánicas y con muchas otras religiones antiguas.

Los druidas también consideraban posible que el hombre evolucionase del estado de Gwynvyd a lo largo de su vida por medio de su propia volici
ón o por el recuerdo de Dios. En otras palabras, los celtas creían mucho mas en el "libre agente" que sus homólogos de oriente. La idea del "recuerdo" se vincula con la preocupación egipcia por aprender el nombre de los dioses, a fin de poder hacer sin obstáculos su marcha hacia lo que entendían como cielo.

Pero por el circulo de Abred tenia que pasar toda la humanidad durante sus diferentes planos de existencia, antes de estar capacitados para entrar en el circulo de la felicidad de Gwynvyd, el plano del espíritu plenamente desarrollado. El círculo de Ceugant solo estaba ocupado por Dios, pero allí también existía una polaridad oscura, llamada Cythraul, a la que Dios había sometido al unirse con ella.

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á en una próxima entrega...

Nota Importante: Este trabajo forma parte del libro "El Zodiaco Lunar Céltico", de Helena Patterson.
Helena Patterson es inglesa y astróloga de profesión y es, ademas, miembro de la British Astrological Association desde el año 1.978.
Es una estudiosa de la cultura celta y consumada especialista en el aspecto mágico y mitico del reino vegetal. Es autora del libro "The Handbook of Celtic Astrology"
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